Wednesday, 25 December 2013

Capítulo VI

-Entonces Annie, dices que Margaret te dijo que vinieras.- me preguntaba Rod al día siguiente.
         Me había encontrado sentada frente a su escuela, esperando a Maggie, la cual me dijo que no había ido ese día.
-Sí, pero si dices que no está aquí, lo mejor será que me vaya.
-Quizás lo sea.
         Y era lo mejor, lo más seguro es que Margaret se había olvidado de que me había invitado, lo más seguro es que todos ya habían olvidado que me habían conocido, era obvio que su mundo no iba a girar en torno a una chica incomoda que acababan de conocer. No iba a ser aceptada en su círculo social de inmediato. De igual manera, no importa, jamás había sido aceptada en un círculo social, o por lo menos, jamás me había sentido aceptada.
-¿Quieres que le diga que viniste?
-No Rod, pero gracias.
-¿Vienes mañana?
-Lo intentaré.
         Me paré y caminé rápidamente fuera de su vista, pensaba que lo mejor por hacer era irme a Nueva York, o algo así, a buscar alguien que conociera, aunque fuera mi abuela o mi abuelo, serían demasiado jóvenes, pero sería un rostro familiar. Esperaba que mi abuela creyera en cosas extrañas así como nietas que intentaron suicidarse y terminaron en el pasado.
          Iba ya muy adelantada, casi llegaba a la siguiente cuadra cuando gritaron mi nombre.
-¡Annabel! ¡Oye Annabel espera!
          Margaret venía corriendo hacia mi, con las mejillas enrojecidas y jadeando, el aire que salía de su boca era tan visible como si fuera el humo de un cigarrillo.
          Levantó una mano, indicando que la esperara, y con las manos en las rodillas recuperó su aliento.
-Tenemos a George- me dijo.-Tiene su guitarra, todos iremos a comer, solo esperaremos a que salga Warren.
          Warren era un compañero suyo, por lo visto era de su círculo social intimo porque se frecuentaban mucho.
          Pero aquí lo importante era George Harrison, iba a conocerlo, iba a estar frente a el y no sabía si podía hacer eso sin que tuviera un ataque de pánico. 
-Vamos Annie, ¿vienes?- extendió su mano al ver que no le había dicho ni una palabra.-¿Estás molesta conmigo? Sé que te dije que iba a estar temprano pero Stu y yo decidimos ir a George´s Dock...
-No estoy molesta.- le dije algo extrañada.-Solo estaba pensando.
-Tu piensas mucho- tomó mi brazo- Ahora VEN.
          Por poco y llegábamos a donde estaban los demás, cuando vi que John salió de la escuela y después de hablar un poco con Stu, por lo visto decidió que nos acompañaría. Me detuve ahí mismo.
-¿Qué pasó?- preguntó Maggie.
-Es John, mira, no puedo, quizás te veo otro día antes de irme.
-¡No Annie! Solo ignóralo es un estúpido de primera, George te agradará es tan gracioso, solo quédate conmigo y estarás bien.
          Después de lo que pareció de una eternidad en la que Margaret me convenció que fuera con ella y tuvo que tomar mi mano para llevarme hacia allá, estaba frente a George Harrison. 
          Aunque era más chico que yo, era un poco más alto, y muy delgado, estaba tan joven, parecía... no, era un niño. Su sonrisa era incómoda e incluso sus movimientos eran bruscos y no muy agraciados. El no era muy atractivo y menos con ese horrible peinado de teddy boy que en fotografías se veía muy bien pero en realidad era muy exagerado. Lo único de el que me estaba gustando (por lo menos físicamente) eran sus ojos cafés, los cuales eran tan tranquilos como el mar después de una tormenta.
         Su ropa estaba demasiado ajustada, no era posible que estuviera cómodo en ella, sus pantalones apretaban mucho de... ciertas partes y estaba vestido todo de negro.
-Hola de nuevo chicos- dijo Maggie.-Aquí está Annie, ¿recuerdan a Annie?
         Probablemente no, pensé. Pero para mi sorpresa todos reaccionaron de forma positiva, con saludos de: "Hola Annie" y "¿cómo va todo?" 
-George, tu no la conoces, esta es Annabel Lee Smith, ella viaja, como Jack Kerouac- le dijo Stu orgullosamente.
          Algo me decía que George no tenía ni idea de quien era Kerouac, pero igual sonrió y asintió con amabilidad incómoda.
-Annie- dijo Stuart, riendo un poco.-Este es George Harrison, ya sabes, EL George Harrison.
          George lo miró confundido, quizás tratando de ver si era una broma o no; igual le sonreí, esperaba con toda mi alma que no intentara darme la mano, porque me partiría el corazón no poder dársela. 
-Es un placer conocerte George.- le dije.
-Igual.- obviamente, George no era un hombre de muchas palabras.
-Podría serlo- dijo John, todos rieron excepto George, Maggie, y yo.
-Bueno, nos vamos- anunció Maggie en tono seco, automáticamente cortando la risa de todos.
          Todos comenzaron a avanzar y quedé caminando a un lado de Margaret en un silencio cómodo, caminamos una cuantas cuadras mas, siguiendo a Rod y Stu, quienes obviamente sabían a donde iban. 
-Esto probablemente no es de mi incumbencia- comenzó Margaret, llamando mi atención de inmediato.-Pero mencionaste algo de irte hace rato, ¿piensas irte ya?
-Probablemente- le dije después de pensarlo.
-¿A dónde?
-Quizás a Nueva York.
-Pero acabas de venir de allá.
-Dejé algunos asuntos sin resolver y tengo que ver gente.
-Annabel eres tan misteriosa y sé tan poco de ti que a veces pienso que estuviste involucrada en un asesinato.
Reí un poco.-No tengo nada de misterio, te digo las cosas como son, y no sabes nada de mi porque no me preguntas.
-¿Puedo preguntarte lo que sea?
-Claro.
-¿En serio?
-Sí.
-¿Aunque sea tonto?
-Continua.
-¿Cual de los chicos es más atractivo?
-Todo menos eso.
          Ella rió junto conmigo. Rod comenzó a llamarla y fue hacia allá, dejándome caminando sola, sumida en mis pensamientos sobre ella; Maggie era muy bonita, sin mencionar amable, nadie había sido tan amable conmigo antes.
-Entonces, ¿qué piensas de nuestro George?
         Stu había dejado a Rod y John al frente y caminaba con lentitud a mi lado, murmurando lo último para que solo yo escuchara.
-Bueno, es amable, pero aún no lo escucho tocar su guitarra.
          El sonrió y metió las manos en su abrigo. 
-Eres tan callada Annabel, juro que si yo no hablo tu no lo haces.
-¿D-de que quieres que te hable?
-Cuéntame la última película que viste.
          La última película que había visto era Pulp Fiction, pero el probablemente jamás la vería, recordé con tristeza.
-Está bien, todo comienza con una pareja que está desayunando en un café...- comencé. 
          20 minutos y un corto tramo en autobús después entrabamos a una cafetería, con Stu viéndome con cara de incredulidad.
-Te inventaste todo eso- me dijo, entrecerrando los ojos. 
-No lo hice- levanté las manos, demostrando inocencia. 
-Esa no es una película real.
-¿Qué te hace decirlo?
-Porque... Vincent Vega muere a la mitad de la película pero está al final.
-Es una película atemporal Stuart. 
-¿Van a moverse o no?- nos preguntó John, quien nos veía sospechosamente, seguramente preguntándose cuando habíamos comenzado a hablarnos así. 
          Stuart, aún sin quitarme los ojos de encima se sentó en la mesa mas cercana, recorriendo una silla para indicarme que me sentara ahí, lo cual hice. 
-Hay cosas que son completamente irrelevantes para la trama- dijo, después de encender un cigarro.
-Oye, yo no escribí la película.
-¿Quien dices que la dirige?
-Un director extranjero- le dije mientras jugueteaba nerviosamente con mis manos.
-Oye John- Stuart llamó a su amigo.-Ven aquí, ¿qué piensas de esta historia?
-No me interesa- fue la contestación de John, sin siquiera voltear a verlo.
          La respuesta de Stu consistió en solo voltear los ojos y regresar su atención hacia mi.
-¿Qué ordenarás?- me preguntó, pasándome el menú. 
          No tenía nada de dinero, en absoluto, así que solo fingí ver el menú.
-Yo lo invito- me dijo.
-Está bien, un café.- le dije al ver que era lo mas barato.
          Extendió una servilleta y tapó la sección donde estaban los precios. 
-Ahora dime, ¿qué ordenarás?
          El terminó ordenando por mi, y comimos en silencio semi incómodo mientras yo me preguntaba porque no estábamos sentados con los demás; Maggie seguía lanzándome miradas que exigían una respuesta, como si yo supiera porque Stuart era tan raro. 
-Entonces Annabel, ¿dónde te estás quedando?
          Mi tenedero se cayó debajo de la mesa, lo cual me dio algunos momentos para pensar sobre lo que diría.
-Cerca de... creo que se llama Childwall.
-¿Dónde exactamente?
-¿En realidad necesitas saber?
-¿Qué tal si un día quiero visitarte?
          ¿Estaba bromeando? Para que querría el visitarme a mi cuando tenía todos esos increíbles amigos, yo era la personas mas increíblemente aburrida en la tierra.
-¿A-a mi? ¿Por qué querrías visitarme a mi?
-Cielos relájate Ann, ¿quien no querría visitarte? Además, acabas de contarme la historia mas loca que he escuchado en mi vida, ¿qué pasa si quiero escuchar otra? Anda, te compraré otro café.
           Al ver que solamente observaba la mesa, movió una mano en frente de mi rostro.
-Vamos Ann, escuchemos otra historia, ¿sí? 
           Tomé aire y exhalé fuerte después de asentir.
-Bien Stuart, esta se llama Kill Bill. 





perdón esto no salió tan bien como pensé es noche y estoy cansada así que tomemos esto como un capítulo de relleno les parece? que tengan una feliz navidad. 
















Saturday, 14 December 2013

Capítulo V

-¿Estás segura que todo está bien Annie?- me preguntó Margaret mientras me encendió un cigarrillo. 
          Después del comentario de John, Maggie me había llevado al patio trasero, quizás notó que casi estaba hiperventilando por mi ataque de ansiedad, de igual manera, me sentí muy agradecida por ella.
-Sí- le contesté mientras miraba el suelo.
-No hagas caso de lo que dice John, la mayoría de nosotros lo detestamos, el también nos odia, se cree muy gracioso.
          No le contesté y seguí mirando el suelo, sin aun haberle dado una calada al cigarro que me dio.
-Oye Annie, todo está bien, vamos. 
-Sí. 
          Se sentó a mi lado en el pasto y apagó su cigarro.
-Sé que esto es personal, y no debería de hacerte esta pregunta, pero tu tío no...- comenzó.
-Cielos Maggie, no. 
-Solo lo dije porque parece que te afectó.
-Todo me afecta. No te preocupes, estoy bien.
-¿Quieres volver a entrar?
-Creo que me quedaré aquí un rato.
-Si no te molesta, creo que me quedaré contigo.- me dijo. 
          Giré mi cabeza para verla, me sonreía dulcemente, con una sonrisa así, ¿cómo podía decirle que no? 
-Claro Maggie. 
          Habían pasado 15 minutos, en los cuales habíamos platicado de nuestras familias, cuando vi a Stuart caminar hacia nosotras. Casi tuve palpitaciones pero me controlé en el exterior. 
-¿Estás bien Annie?- me preguntó. 
          Oh era tan dulce, con su mirada preocupada...
-Sí Stuart, solo me sentí mareada.
-Eso nadie se lo cree- contestó.- Lamento que John te haya dicho eso.
-¡Deja de disculparte por él!- espetó Maggie, enfurecida.- Ese idiota debería de estar aquí, disculpándose por ser tan descortés!
-Sabes que no lo hará- dijo Stu.
          Se sentó a nuestro lado y comenzó a platicar con Margaret sobre una clase que había tenido y lo que pensaban hacer respecto a sus cuadros. Lejos de sentir que no estaba incluida en su conversación, me sentía honrada de poder escucharlo hablar de sus cuadros, quería conocerlo bien, aunque sonara raro y acosador, quería conocerlo a fondo. 
          Me preguntaba si el conocía a Paul o a George, sabía que estábamos en 1958 pero el aún no se unía al grupo.
-Stuart, ¿conoces a George Harrison?- le pregunté de la nada, interrumpiendo un poco su conversación.
-Sí- dijo un poco sorprendido.- ¿Cómo sabes de él? Acabas de llegar aquí.
          Oh no, era cierto, como pude haberlo olvidado... sentí que enrojecí, ¿cómo pude ser tan idiota?
-Bueno yo estaba en... en uh... Formby, un poco antes de venir- comencé.- De hecho de ahí tomé un aventón hacia acá y escuché de él, tiene una banda, ¿no?- dije, haciendo como que no recordaba muy bien.
-Es la banda de John, George está en ella. ¿Qué escuchaste de el?
Encogí los hombros.-Que es un buen guitarrista. Estaba deseando escuchar su banda, perdón, la banda de John.
-No son muy buenos.- intervino Margaret.- Para mi son terribles.
-¿Tocas la guitarra tu?- me preguntó Stuart, muy interesado.
          A decir verdad, sí. Mi padre me había inscrito en lecciones con las esperanzas de que conociera gente nueva y me desenvolviera un poco, pero nada de eso había pasado, había aprendido a tocar y después había decidido que era mucha gente en una sola habitación para mi y jamás había vuelto a ir.
-Un poco. 
-Creo que puedo arreglar se conozcan, le diré que eres su primera fan.- dijo sonriendo.
-No le digas eso- le rogué.- No le digas nada, solo quiero escucharlo tocar guitarra.
-Está bien. Pasa por el colegio uno de estos días y estaré seguro de tenerlo ahí para ti. 
          Después de que Stu entró a la fiesta de nuevo, me dispuse a hacer lo mismo, pero antes de que pudiera hacerlo, Maggie tomó mi mano.
-Espera Anne, oh lo siento.- dijo al ver que miraba nuestras manos, la soltó de inmediato.-No te gusta George, ¿o sí? 
-Eso es ridículo, jamás lo he visto. ¿Sería ilógico no?
-Sí pero... bueno, es que yo lo conozco y si quieres yo podría...
-No, no hagas nada. 
         Para el tiempo que la fiesta estaba "terminando" (estaba amaneciendo y todos estaban ebrios) aparte de morirme del sueño, ya conocía a todos ahí y parecía que les caía relativamente bien, aunque podían también ser los efectos del alcohol, pero prefería pensar lo contrario. 
-¿Qué tan ebria estás? ¿Te gustó la fiesta? ¿Te cayeron bien todos? ¿Te trataron bien? ¿Volverías a venir?- me preguntó Maggie.
-Haces muchas preguntas, veamos: no estoy muy ebria, me gustó la fiesta, gracias por invitarme, casi todos me agradaron y casi todos me trataron bien, y si me invitas y vendrás tu, claro que vendré de nuevo.- fue mi contestación.
        Sonrió ampliamente, era tan fácil hacerla feliz, me recordaba a una versión mas joven de mi misma.
-Vamos a desayunar algo- me dijo.
-Margaret, debo llevarte a casa- le dijo Rod, quien acababa de llegar y escuchó lo que decía.
-No, ahora no.- 
-Tu padre me asesinará, no quiero arruinar sus planes pero también debemos entregar ese cuadro a las 10 y yo aún no he terminado.
-Entonces otro día Annie, búscame mañana, después de clase e iremos a comer, podemos invitar a George, y a Stu- me dijo emocionada.- Promete que lo harás.
         Realmente no sonaba mal, en cualquier circunstancia normal, y con cualquier otra persona, habría rechazado la oferta.
-Está bien Maggie, te veré mañana, así podré conocer al famoso George Harrison. 





aquí está el capítulo, dedicado a monica porque me tardé mucho en hacerlo jajaja

Friday, 13 December 2013

Capítulo IV

                        Era en esos momentos cuando deseaba tener un espejo de buena calidad, y había olvidado por completo tomar uno de donde había hurtado un poco de maquillaje.
            Consideraba no ir, pero era mi única oportunidad de finalmente hacer algo en mi vida, jamás había ido a una fiesta, pero solo podía adivinar como debía de irme vestida; toda la tarde la había pasado pidiendo consejos en una tienda de ropa y después regresé y robé un vestido, me sentía culpable porque la chica había sido muy amable conmigo.
            No sabía qué hora era, pero pasaban de las 6, juzgando por el color del cielo y la posición del sol; había tenido que aprenderme los patrones del sol para saber la hora.
            Esperé un rato más, y hasta que supe que había pasado una hora decidí que era hora de irme, no sabía cuánto tardaría buscando la dirección. No sabía ni como llegaría ahí, solo podía adivinar que en autobús pero no tenía ni nociones de cómo pagar.
-42 Greenbank Road, Mossley Hill- me repetí millones de veces al llegar a la parada del autobús.
            Para mi fortuna, me sentía un poco confiada y pedí orientación a un hombre que igual esperaba un camión, me dio direcciones muy específicas y sabía que no podía perderme.
            Lo del camión fue mucho más difícil porque se debía pagar subiéndose, tuve que fingir que había perdido la cartera y para mi sorpresa el señor resultó ser muy amable y rio cuando le conté mi historia de mi cartera perdida.
            Llegué a la casa, y me preguntaba si quizás sería de esas fiestas tontas de los años cincuenta, donde todos se sentaban a jugar con rompecabezas o tonterías así, pero aunque conocía a Maggie muy poco, ella no parecía ser de las personas que iban a cosas así.
            Respiré profundo y apenas e iba tocar la puerta cuando se abrió.
-Ooh, hola, ¿Quién eres tú?- me preguntó un chico que abrió la puerta, vestido todo de negro y con cabello estilo beatnik.
-M-mi nombre es Annabel…
-¡Vaya! Tú eres la famosa Annie Lee de Maggie; ven, pasa.
            Me tomó del brazo y me hizo entrar detrás de él.
-¿En realidad has viajado por todo el mundo?
-No todo el mundo, pero lo estoy intentando.
-Es una pena que estés aquí en Liverpool.
            Encogí los hombros mientras esquivábamos a gente y el me guiaba, aun sosteniendo mi brazo lo cual me ponía incomoda.
-Maggie tu amiga está aquí.
            Habíamos llegado al sótano donde estaba ella con otras personas, sentados en una mesa platicando en voz baja.
-¡Hola Annie! ¡Ooh te ves bonita!- me saludó ella con entusiasmo.
-Gracias, igual te ves muy bien.
            Me presentó a todos los que estaban sentados alrededor de la mesa, los saludé con un simple “hola” porque no estaba a punto de darles la mano y tener un ataque de pánico en el baño después.
-Puedes sentarte aquí- me dijo Rod, dándome su silla.- ¿Trajiste los huevos?
-¿Q-que?- pregunté, sin estar muy segura si bromeaba.
-No le dije- contestó Margaret.- No tiene dinero y quieres que traiga huevos.
-¿Para qué el huevo?- pregunté.
-Es una fiesta que dura toda la noche- me explicó Ernest, uno de los chicos.- Se supone que traes vino para la fiesta, y los huevos son para tu desayuno en la mañana.
            Era un concepto interesante, jamás había escuchado sobre algo así, simplemente asentí y para no hacer las cosas más raras me paré a ver la colección de discos que estaban sobre el tocadiscos.
            Para el tiempo que ya había empezado oficialmente la fiesta, había perdido a Margaret de vista y estaba en el piso de arriba, viendo el librero, tenían cosas interesantes, pero obviamente era de los padres del dueño de la casa.
Tomé el primer tomo de “Ensayos sobre la moral humana” y lo examiné, lo abrí en una página al azar y me senté sobre la cama a leerlo, no era que lo hiciera para parecer interesante o que prefería leer a estar en una fiesta con un montón de estudiantes de arte, sino que a veces me agotaba tan siquiera sonreír, y aparte, aún estaba viendo cómo debía actuar en un entorno como este.
-La fiesta es abajo niña, ¿qué haces acá arriba?-
            La voz me hizo saltar y regresé el libro rápidamente.
-Lo siento, yo solo… ¿está es tu casa?
-No.
            La voz sonaba burlona, como si me estuviera perdiendo de algo, que él sabía y yo no y por ende yo era tonta. Me hizo temblar un poco, porque sonaba tan imponente y me causaba nervios.
-Oh por dios- murmuré.- No puede ser. No estoy lista para esto.
-¿Disculpa?
            Sabía exactamente con quien estaba hablando, y cada poro de mí parecía temblar, incluso y tenía ganas de llorar. Sin una palabra más me paré y salí rápidamente de la habitación.
            En cuanto llegué abajo tuve que reponerme rápido porque Maggie me esperaba al pie de las escaleras.
-Te he estado buscando en todas partes, ven, hay mucha gente que debes conocer- me pasó un vaso con alguna bebida alcohólica.- Supongo que bebes…
            Y suponía bien, a mi corta edad, bebía más de lo que era saludable incluso para mi padre.
            Ya avanzada la fiesta, mis nervios se habían disipado, el alcohol me hacía más confiada y estaba sentada con Maggie y sus amigos, contándoles sobre mis supuestas aventuras en el camino.
 -Hola Quinn, espero y no sea tarde…- llegó un desconocido y se abrió camino entre todos para saludar a mi nueva amiga.
-Claro que no Stuart, ¿vienes tú solo?
-No, me acompañan unos amigos.
-No me digas que…
-Sí, sé que lo odias.
-Odiar se queda corto. ¿Ya conociste a Annie Lee Smith?
-No, pero he escuchado mucho de ella. Hola Annie, mi nombre es Stuart, es un gusto conocerte finalmente.
            La bebida cayó de mi mano y creo que mojé los zapatos de alguien. Apreté mis manos y mis piernas comenzaron a temblar, era bueno que estaba sentada.
-¿S-Sutcliffe?- pude tartamudear.
-Sí.- se vio avergonzado.- ¿Te han estado hablando de mí?
-Yo ah… escuché que eres un pintor estupendo y te admiro yo…
-¿Tú me admiras?- se veía confundido.
-Bueno, admiro tu dedicación.
            Sonrió y pude apreciar lo atractivo que sería, porque aún no era como las fotografías que yo había visto toda mi vida, se veía aún muy joven e intentaba mucho verse bien pero no le quedaba del todo. Nunca me había percatado de lo realmente bajo en estatura que era, era casi ridículo, yo era mucho más alta que él.
-La próxima vez que intentes perderme, hazlo en un lugar bueno Stu, y no con esta gente de mierda.
            Todos se revolvieron incómodamente en el sofá donde estábamos sentados y supe que era el momento, no había vuelta atrás, iba a conocerlo, ya quisiera yo o no.
-No iba a perderte, tú te fuiste- le dijo Stuart.
-Como sea, hola Margaret, no te vi hoy en clase, veo que mejoras.
            Ella fingió una sonrisa en su dirección y bajé la mirada hacia mi nueva bebida que Rod me había dado.
-¿Y ella que tiene?- preguntó.
-Nada John, déjala en paz.
-¡Ah! Eres la chica rara de hace rato, no me dejaste presentarme. ¿Hola? Sería más fácil si voltearas hacía acá corazón… así es… vamos.
            No me quedó más que mirar hacia allá  y casi soltarme a llorar; era John Winston Lennon, parado junto a Stuart Sutcliffe con una estúpida sonrisa, tenía ganas de darle una bofetada pero al mismo tiempo besarle la cara. Era mejor que no hiciera ninguna.
            Se veía tan diferente incluso hasta de Stuart, vestido como un verdadero Teddy Boy mientras los demás parecían que se vestían de acuerdo a un uniforme beat muy específico.
-Mi nombre es John Lennon- dijo orgulloso, extendiendo su mano.
-Hola John- le contesté, usando cada átomo para no gritar o llorar.- Me llamo Annabel…
-Ah…- sonrió.- Annabel… veamos… “Y es que la luna nunca asoma sin traerme sueños de la hermosa Annabel Lee; y las estrellas nunca se levantan sin hacerme sentir los brillantes ojos de la hermosa Annabel Lee; y de este modo, durante toda la nocturna marea, yo yazco al lado de mi querida –mi querida- mi vida, en el sepulcro allá junto al mar, en su tumba junto al mar ruidoso”.
-Eso es muy impresionante.- le dije.- Es bueno saber que sabes leer.
                   Literalmente me mordí la lengua al decir eso, se me había escapado por completo, eran comentarios idiotas que yo hacía en mi mente y por primera vez había dicho uno en voz alta.
                   Todos comenzaron a reír, causando que yo enrojeciera y que él entrecerrara sus ojos.
-Lo siento- le dije sinceramente.- Es un placer conocerte.
-Igual.- contestó, pero más cortante. Extendió su mano, como no queriendo hacerlo, pero no quería tomarla, aunque fuera John Lennon, no me sentía cómoda haciéndolo, así que solo sonreí y asentí.
-¿Te sientes bien?- me preguntó al ver que no quería sacudir su mano.
                   Para empeorar las cosas puso su mano en mi hombro, y me alejé un poco.
-Por favor, no me gusta que me toquen.- le dije tranquila.
-¿Y por qué?- contestó bruscamente, casi ofendido.- ¿Te violó tu tío o algo?
                   De nuevo mi bebida cayó y sentí las lágrimas amenazado con salir, yo sabía cómo terminarlo, solo tenía que decir algo como “¿por qué tan agresivo John? ¿se murió tu madre o algo?” pero eso sería horrible, y yo  jamás le diría eso a alguien, y menos cuando la herida estaba tan reciente como con él. Sentía que mi ataque de pánico venía y no quería recaer estando con tanta gente; él esperaba mi reacción, pero que mal por él, porque no iba a recibir una.




Wednesday, 11 December 2013

Capítulo III

            Al día siguiente regresé a la escuela, no vi a nadie conocido y tampoco tuve el valor de hablarle a alguien. No sabía porque regresaba, quizás era porque sabía que cerca estaban algunos de mis ídolos.
            Regresaba casi todos los días, y por suerte nadie se había dado cuenta de que yo no tenía absolutamente nada que hacer ahí, me habría muerto de vergüenza si alguien me preguntara lo que estaba estudiando o cualquier cosa así; y eso mismo pensaba casi una semana después cuando veía la calle mojada, acababa de llover la noche anterior y eso quería decir que yo había tomado una ducha, tomé un mechón de mi cabello y lo observé, mientras pensaba en lo diferente que se veía al de las demás chicas.
-¿Tienes fuego?
            Volteé detrás de mí, de donde venía la voz, para mi sorpresa, me hablaba directamente a mí. Era una chica que parecía ser de mi edad, alta, con cabello café, ojos verdes y brillantes, delgada y con bellos labios teñidos por un labial rojo.
-¿Y-yo?- le pregunté nerviosamente.
-Sí, tu.
-No… oh… creo que sí- busqué en mi abrigo- Tengo fósforos.
-Eso servirá.
            Se adelantó a tomarlos de mi mano pero yo ya había encendido uno al verla sacar sus cigarrillos.
-Yo lo haré por ti.- le dije gentilmente.
-Gracias- dijo con una sonrisa.
            Solo le respondí con una sonrisa mientras ella fumaba su cigarrillo.
            Esperaba que ella se fuera pero se quedó ahí, en silencio, mirando a la calle igual como yo lo había hecho.
-Te he visto por aquí- me dijo, cortando el silencio.-Pero no en clase, ¿estudias algo?
-Yo… no, no estudio aquí, solo estoy… explorando.
-Oh, explorando- dijo divertida- Cuéntame más sobre eso… ¿Cuál es tu nombre?
-Soy Annabel Martin.
-Me llamo Margaret Quinn, pensé que tu apellido era Smith.
-¿Por qué?
            Señalo mi playera que leía “The Smiths” y no pude evitar sonreír.
-Es solo una banda- aclaré.
-Oh, jamás había oído de ellos, ¿son rock and roll?
-Algo así- debía tener más cuidado con esa maldita playera.
-Entonces, explorando ¿eh? ¿De dónde eres? ¿A qué vienes a Liverpool? ¿Te estoy haciendo muchas preguntas?
            Reí con ella mientras tomó un asiento, esto significaba una plática, y me ponía nerviosa, ¿qué tal si decía la cosa equivocada? ¿qué tal si no le agradaba? ¿qué diablos le decía? Podía decirle lo que yo quisiera, podía ser quien yo quisiera, podía fingir la confianza si quería.
-Nací en Oakley, Idaho, vengo a Liverpool porque no tengo dinero, me subí a un buque en Nueva York y robaron mis cosas, estoy aquí porque no tengo dinero para seguir.
-¿Seguir? ¿A dónde ibas?
Encogí los hombros- Solo iba. Voy a donde pueda. Viajo aquí y allá, ya sabes, en lo que pueda y como pueda.
            Se veía fascinada y emocionada, sus ojos se iluminaron mientras sacó otro cigarrillo, y esta vez me ofreció uno, el cual acepté gustosamente.
-Como Jack Kerouac- dijo extasiada, esta vez, ella encendió ambos cigarrillos.
-Exactamente como él.
-¿Lo conoces?
-¿A Jack? Ya quisiera, traté de conocerlo cuando estaba en Nueva York pero me dijeron que estaba en Italia, estaba esperando poder encontrarlo pero estoy aquí.
-Estás aquí- repitió.- No deberías estar aquí, este no es lugar para ti.
-No lo sé- dije, recogiendo una piedra y lanzándola.- Creo que me gusta.
            Me miraba como si no podía creer que alguien estuviera ahí por voluntad propia y mantuve mi boca cerrada, comenzaba a sentirme incómoda.
-¿No deberías estar en clase?- le pregunté.
-Quieres que me vaya, ¿cierto?
Enrojecí, no podía dejar que se fuera.-No, solo digo, supongo que estudias aquí.
Encogió los hombros-No me gustan las clases.
-Me habría encantado estudiar arte, tienes suerte de estar aquí.
-¿Qué estudiaste?
-Leyes.
                   Hizo una mueca de disgusto y después reímos.
-Entonces te llamas Annabel…- le dio una calada a su cigarro y sonrió.-“Y es que la luna nunca asoma sin traerme sueños de la hermosa Annabel Lee; y las estrellas nunca se levantan sin hacerme sentir los brillantes ojos de la hermosa Annabel Lee; y de este modo, durante toda la nocturna marea, yo yazco al lado de mi querida –mi querida- mi vida, en el sepulcro allá junto al mar, en su tumba junto al mar ruidoso”.
-Edgar Allan Poe.- le dije sonriendo, era uno de mis escritores favoritos.
-Sí, mi madre solía leerme sus cuentos de niña.
                   Desde adentro de la escuela se escuchó que se abrían y cerraban puertas, además del murmuro de cientos de voces.
-Mi siguiente clase- murmuró.
-No deberías perderla- le aconsejé.
-Está bien- estiró sus piernas- De igual manera espero un amigo.
                   Comencé a sentirme más nerviosa cuando llevábamos más tiempo hablando, yo no era muy buena con temas de conversación y además, ella me ponía nerviosa.
                   Platicamos por algún tiempo más, y solo puedo adivinar que fácilmente había pasado más de una hora.
-¡Oye Maggie!
                   Un chico de su estatura, de cabello rubio y atractivo llegó corriendo.
-Rod idiota, llevo una hora esperándote. Annie, él es mi amigo Rod, el que esperaba. Rod, ella es Annabel Lee Smith, mi amiga.- dijo con una risita.
                   ¿Annie? ¿Eso de donde había salido? ¿Y desde cuando yo era su amiga? Me parecía irreal porque yo jamás le había caído bien a alguien, bueno, tenía varias amigas pero solo puedo adivinar que la mayoría del tiempo me consideraban aburrida.
-Hola Annie, un placer.- me dijo, extendiendo su mano.
-H-hola Rod, igualmente.- dije, mientras sentí que me puse roja y solo observé su mano, tenía algo raro por el contacto físico, no era fanática y me ponía muy incómoda. Pero para que no pareciera que era una perra sacudí su mano con una sonrisa.
-¿Eres nueva al instituto?- me preguntó.
-¡No Rod! Oh eso es un insulto, ella es fascinante, ella es como Jack Kerouac, viene de Nueva York, es tan bohemia, viaja a todos lados.
                   Él me miró con un brillo en sus ojos, parece que no todos los días llegaba alguien así a Liverpool y me sentía algo culpable por mentirles pero ¿qué se suponía que iba a decirles? “Hola soy Annabel tengo 17 años, tengo ataques de ansiedad, depresión y he intentado suicidarme 3 veces, la última exitosamente, además, jamás salgo de mi habitación.” No tenía el mismo aire.
-¿Dónde te estás quedando?- preguntó.
                   Mis manos comenzaron a sudar, no podía decirles la verdad, era tan humillante.
-Rod eso no te interesa.- le contestó Margaret.
-Tienes razón, lo siento Annie; Maggie, ¿nos vamos ya?
-Oh… bueno, yo pensaba…- me miró de reojo, como si quisiera seguir platicando conmigo.
                   Me paré rápidamente y acomodé mi abrigo.
-Yo debo irme Margaret, fue un placer conocerte, a ti también Rod.
-Espera Annabel, esta noche habrá una fiesta, podría pasar por ti.
-Pero Maggie, iremos juntos a esa fiesta.
-Lo siento Rod, parece que Annie será mi cita- dijo Maggie bromeando mientras las palmas de mis manos comenzaban a sudar.- ¿Qué dices? Paso por ti a las ocho.
-A las ocho…- dije pensativamente.- ¿No sería imprudente de mi parte atender? Apenas y te conozco a ti.
-No, vamos, será divertido.
-Dime donde es- le dije.-Y yo te veo ahí.





*grita internamente* no sé, este capítulo me gustó y espero que a ustedes también, muchas gracias a las que comentaron y leyeron y maría gracias por tu ayuda con esto y mi crisis ayer :D 

Monday, 9 December 2013

Capítulo II

Fruncí el ceño y continué caminando, hasta que encontré un café; ahora, cualquier persona normal entraría y pediría un teléfono, pero yo estaba lejos de ser normal. Caminé 10 veces alrededor del negocio hasta que encontré mi confianza y sabía exactamente lo que diría.
-H-hola.- dije nerviosa a lo que parecía ser el dueño-¿Tiene un teléfono que pueda usar?
            Me miró de arriba abajo e hizo una mueca de disgusto.
-Eres de esas, ¿no? ¡Helen querida! Atiende a la chica.
            “Eres de esas”. ¿De que hablaba?
-¿Sí amor?- Helen parecía ser la esposa del dueño, casi una anciana, usando un vestido largo con su cabello recogido, tenía  una mirada muy severa.
            Al verme parpadeó varias veces.
-Estas lejos de Dingle, ¿no?- su nariz se arrugó como si hubiera olido algo desagradable.
-No soy de Dingle, no sé qué es eso, solo necesito un teléfono. Estoy perdida.
            Limpié lágrimas de mis ojos, me sentía muy tonta sin mencionar incomoda y solo quería irme a casa.
            Al verme llorar su expresión cambió.
-No puede ser tan malo, calma niña; tengo un teléfono en el piso de arriba y puedes usarlo.
-No tengo dinero- murmuré.
-No importa- dijo guiándome hacia el piso de arriba.-Es solo una llamada.
            Miré el teléfono que me señalaba; era como el de mi abuela, un teléfono de disco.
-Me gusta su teléfono- le dije.-Mi abuela aún tiene el suyo, de cuando era niña.
            Asintió amablemente, pero me miró desconcertada; marqué el número de mi casa pero no sonaba, ni siquiera entraba la llamada.
-¿Necesitas ayuda?- me preguntó al ver mi dificultad.
-Por favor.
-Dime el número.
-208 654 7892.
Sin marcar levantó la vista hacia mi.-Corazón, ¿a dónde quieres marcar?
-A casa.
-¿Dónde es eso?
-Aquí.
Ladeó la cabeza.-Tú no eres de aquí, juzgando por tu manera de hablar.
-¿Yo? Usted suena irlandesa.
-Todos hablamos así, es lo que nos hace del norte.
-¿Norte de dónde?
-De Inglaterra.
-Oh, ¿usted es de Inglaterra? Siempre he querido ir.
            La señora Helen suspiró exasperada; dio un paso hacia la ventana y abrió las cortinas para mostrarme afuera.
-Estás en Inglaterra.
            Estaba oscureciendo afuera pero podía ver las pequeñas casas tan diferentes a Idaho, el humo saliendo de las chimeneas y muy a lo lejos los buques en el rio que reconocía de alguna parte. Definitivamente no estaba en Idaho.
-Estoy en Idaho- le dije lentamente, como hablando con una niña.
-No, Inglaterra, Merseyside, ¿Cómo llegaste aquí?
-Yo… no lo sé. ¿Está bromeando? No recuerdo haber llegado aquí.
-¿Necesitas un doctor?
-No lo sé; yo solo desperté aquí.
-Llamaré al doctor.
-No, solo necesito… ¿puedo usar su computadora?
-¿La qué? ¿Dónde crees que estás? ¿Rusia? Estás en Liverpool. Tomas o dejas el teléfono.
            La observé por un minuto para después salir corriendo; corrí hasta que mis piernas se cansaron y me tuve que detener a tomar aire.
-Tranquila, no veo el incendio- dijo un chico que pasaba a mi lado; lo ignoré por completo y miré a mí alrededor.
-Estás en Liverpool- me dije a mi misma.- Es el día de Navidad, es imposible que llegaras el mismo día… eres tan estúpida, ¿Cómo hiciste esto?
            Pasé una mano por mi hombro, ya sentía la tensión comenzando a cargarse ahí.
            El sonido de una bocina de un automóvil me hizo saltar, era muy bonito, parecido a los autos clásicos que coleccionaba mi tío Angus… fue cuando caí en la cuenta: los autos, la vestimenta, los lugares, los aparatos electrónicos (más bien la falta de ellos)…
-D-disculpe señor, ¿puede decirme la fecha?- le pregunté a un señor que pasaba.
-25 de diciembre.-contestó cortante.
-¿Qué año?
-¿Qué año? 1958.
-Oh vamos, muy gracioso.
-¿Le parece que estoy bromeando? Oh, pero es americana, eso explica todo, malditos yankees.
            Se fue mascullando cosas desagradables y permanecí en el mismo lugar, con que 1958…

1 MES DESPUÉS.
            No sentía la necesidad de pararme de donde estaba. El sol comenzaba a salir un poco más pero aun así me estaba muriendo de frío.
            Tomé la chaqueta y me envolví en ella, temblando de pies a cabeza.
            Quizás se preguntaran lo que pasó después de aquel día; después de convencerme de que no estaba en un capítulo de “Mad Men” me había topado con un bosque, el cual no era muy grande pero yo me había adentrado y llevaba un mes viviendo ahí, “tomando prestadas” cosas de aquí y allá, era más fácil robar porque no habían cámaras de seguridad.
            Me había hecho una carpa improvisada porque llovía muy seguido y tenía pocas cosas de higiene personal.
            Estaba emocionada por estar ahí pero al mismo tiempo anhelaba estar en casa; en la secundaria soñaba con cosas así, cuando aún me gustaban los Beatles, pero ahora… No me malinterpreten, me gustaban pero ya no era una loca obsesionada, esos días habían pasado, habían sido días más felices.
            Rodé para ver el cielo, había una especie de círculo alrededor del sol, mi abuela me había enseñado que eso significaba que una tormenta estaba cerca.
-Estupendo, justo lo que necesitaba, una maldita estúpida tormenta- murmuré.
            Aún no había descartado la posibilidad de que estuviera soñando o que aquel señor en la calle me había mentido, era un poco escéptica respecto a esas cosas, llevaba años leyendo sobre cosas de este tipo y yo sabía que era imposible.
            Era mejor que me parara y fuera a “comprar” más ropa, si una tormenta realmente estaba cerca iba a morir solo con lo que tenía.
            Busqué en mi bolsa de plástico donde guardaba “mis cosas” e hice lo mejor posible por verme un poco presentable, tan siquiera encajar más.
            Llevaba una falda negra que llegaba a mis rodillas, unos zapatos rojos de piso, mi playera de los Smiths (solo tenía otra que aún no había lavado) y una chaqueta, para disimular mi playera poco formal.
            Tenía un poco de hambre, así que pasé por la frutería y cuando el señor se distraía, yo metía fruta en mi abrigo; esto era ya casi una rutina, llevaba todo el mes haciéndolo y debía seguir haciéndolo si quería comer algo.
-Esto no te lo enseñan en escuela de leyes- me dije a mi misma mientras entré a la tienda de ropa para intentar tomar algunas cosas.
            Logré tomar algunas blusas con manga larga y otro abrigo, utilizaba una bolsa con logo de otra tienda y como no había ningún tipo de seguridad, todo era miel sobre hojuelas.
            Me senté frente a un edificio mientras me comía mis manzanas y veía la ropa que había conseguido.
            Recordé a mi amiga, Sheila, ella me hubiera ayudado a elegir la ropa correcta, yo era un desastre para ropa pero tenía el deseo de aprender.
            Miré a mí alrededor y vi a muchos jóvenes, como de mi edad, fumando y platicando entre ellos. Era difícil escuchar de qué hablaban por su pesado acento, me limité a mirar el suelo cada vez que pasaban.  Era algo penosa y  no estaba a punto de establecer contacto visual con completos extraños.
            Estaba comenzando a pensar que si quería conocer a un futuro Beatle tendría que ir directamente hacia su casa, o su escuela o algo por el estilo. Pero no estaba segura de querer hacerlo, siempre bromeaba sobre lo que les haría si los conociera, pero ahora que quizás tenía la oportunidad, no quería hacerlo por pena. ¿Qué iba a pasar si no les caía bien? ¿Pensarían que los estoy acosando? No podía seguirlos por todo Liverpool.
            Si esto fuera fanfiction, ya te habrías topado a uno, le hubieras gustado inmediatamente, te invitaría a comer algo y estarías viviendo en su casa o una tontería así. Era lo que me seguía repitiendo, esperando a que pasara, pero, era la vida real y yo llevaba días viviendo en un bosque, robando cosas y sin conocer realmente a nadie, y eso de gustarle a alguien parecía poco probable... aunque una vez, en una revista de ciencia había leído que la generación a la que yo pertenecía era una de las más atractivas, y tenían razón, pero yo no era vanidosa aunque tenía mis momentos.
            El sol duró muy poco y de nuevo el aire comenzó, y esta vez no era tu típica brisa agradable, sino aire frio y fuerte.
            Todos los jóvenes entraron a un edificio, que supuse era su escuela. Me paré frente a ella y la examiné, pensando que no estaría mal inscribirme a una escuela para encajar un poco más pero no tenía papeles y seguramente me los pedirían.
            Algo de esa escuela era familiar, pero quizás solo era el hecho de que me gustaban los edificios victorianos. Me paré al otro extremo de la calle para poder observarla mejor.
            Liverpool College of Art leía la inscripción en lo alto, mi corazón comenzó a latir rápidamente, al pensar que quizás John Lennon o Stuart Sutcliffe podían estar cerca. Me ponía nerviosa el pensar que ese era el suelo que pisaban diario, yo había pasado mi época donde idolatraba a Sutcliffe en exceso y obsesivamente, quizás un poco exageradamente también. Pero eso había sido cuando yo quería dedicarme al arte, y me había convertido en una mezcla de Sutcliffe y Warhol en cuanto a personalidad, eso también me había jodido bastante, es difícil intentar ser otras personas que jamás conociste.
            Me senté de nuevo y estiré mis piernas, después recordé que usaba una falda y adopté una pose un poco más “de señorita”. Pasaron las horas hasta que terminé mi fruta y considerando que estaba a punto de llover regrese a mi “hogar”, mañana sería un nuevo día, y podía regresar de nuevo, y quien sabe, hasta quizás me animaría a hablarle a alguien.





Segundo capítulo, espero y les agrade. 

Capítulo I

            El frasco de pastillas escapaba de mis manos, de nuevo; volví a levantarlo del suelo pero fui incapaz de sostenerme y terminé en el suelo.
-No seas estúpida, eres una cobarde, sólo hazlo- me dije a mi misma en voz alta, vertiendo las pastillas en mi mano.
            Mi nombre es Annabel Martin, de 17 años, vivo en Oakley, Idaho y no hay absolutamente nada fuera de lo común en mí, excepto que estaba a punto de tomarme un frasco de pastillas. Las había hurtado de la casa de mi abuela, dónde mi familia estaba reunida, celebrando la Navidad y seguramente esperándome. Me hizo llorar un poco más el hecho de que yo nunca llegaría.
            El disco “Louder Than Bombs” de The Smiths tocaba y resonaba por la habitación, cerré los ojos, dejando que la música creara un ambiente pacífico pero a la vez melancólico. Cuando abrí los ojos supe que era el momento ideal, no había vuelta atrás, esto se terminaba ahora mismo.
            Cuando me pasé las pastillas una sensación de ardor comenzó en mi estómago y subió a mi esófago, quería vomitar, era tan horrible, ya no quería hacerlo, quería llamara  mi madre y pedir que fuera por mí.
            Tomé mi celular, quizás no era demasiado tarde, pero todo pasaba muy rápido; mi alfombra se llenó de vómito que después se convirtió en sangre y me recosté, me sentía con sueño, y mi vista estaba nublada.
-Quizás solo debo dormir un rato- murmuré.


            Sólo cuando abrí los ojos sentí el dolor en mi mandíbula, la estaba apretando demasiado y la moví varias veces mientras veía en dónde estaba. Me rodeaba maleza, muchos árboles y pasto, también había neblina, y como ésta tapaba el sol, no podía ver si se estaba poniendo o saliendo.
            Esto no estaba bien, ¿que no debía estar en el infierno?
-Disculpe, no puede dormir aquí, estamos cerrados el día de hoy-
            Me paré, un señor uniformado venía hacia mí, oficial seguramente, su uniforme era azul con botones dorados y un casco anticuado, y botas negras.
-Oh- dije estúpidamente, tartamudeando un poco, no me era fácil hablar con la gente extraña.
-Además, es Navidad, debería estar celebrando con su familia. ¿Dónde vive?-
-North Blaine Avenue-
            Miró pensativamente al vacío.-He vivido aquí toda mi vida y jamás había escuchado de ese lugar, pero puedo detenerle un taxi si quiere-
-Taxi...- murmuré, buscando en mis bolsillos por dinero, el cual no había.-Creo que puedo caminar, ¿puede ubicarme?-
-Está en Devonfield Gardens, si sale de aquí y va hacia la izquierda puede tomar un autobús-
            Ladeé la cabeza, Oakley era un lugar pequeño, y yo había nacido ahí, pero jamás había oído de tal lugar, pero para no parecer estúpida fingí que estaba familiarizada.
-Gracias por su ayuda- murmuré.
-No hay de que-
-Me gusta su casco- agregué.-Me gustan las cosas anticuadas-
-¿Anticuado? Recién nos llegaron a la estación, nos han dicho que son muy modernos-
            Sonreí, y lo dejé viendo su uniforme.
            Seguí caminando hasta que dejé de ver árboles y llegué a la reja, donde en efecto, decía “Devonfield Gardens”. Sólo una teoría daba vueltas en mi mente: demasiado drogada por las pastillas, había salido y caminado o algo y había terminado en un rincón oculto de Oakley, ahí debí desmayarme. Debía ser eso.
            Suspiré de alivio, no estaba ni el infierno, o muerta, y podía volver a casa; y hablando de casa, quería llegar pronto, porque parecía que llovería pronto, no tenía mi celular, pero si iba a una biblioteca le mandaría un mensaje a mi hermana por Facebook, pero era Navidad, y no era probable que hubiera una abierta; tenía que haber alguien con algo para comunicarme, era el 2013, todos tenían un aparato electrónico.
            Caminé sin detenerme a pedir direcciones, no quería parecer tonta ante la gente y exponerme a que alguien me juzgara, era mi mayor temor, y por eso estaba entrando en pánico al ver 2 señoras mayores señalando en mi dirección, usaban faldas muy largas e hice un esfuerzo por escuchar lo que decían.
-Parece que salió de Dingle-
-Es una pena, una verdadera lástima que no sé tenga vergüenza por la apariencia, si yo fuera su madre...-     

Mi vestimenta era normal, pantalón de mezclilla, tenis cómodos y mi blusa de mi banda favorita: The Smiths, como dije antes, no había nada fuera de lo común en mí.  



Ok, antes que nada quiero comentarles lo increíblemente emocionada que estoy por este nuevo proyecto que igual y sé que pocas lo leerán, pero son las que valen la pena, gracias por las que me han estado apoyando con esto y leyéndolo; sé que le falta trabajo pero soy demasiado floja para editar mis propias cosas. Disfruten y comenten, cualquier crítica será aceptada.